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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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Lección 11 

8 al 15 de marzo 



Otros aspectos 
del discipulado 




«Pero Jesús les dijo enseguida: 

"¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo"». 

Mateo 14: 27 



El temor superlativo 



Sábado 
8 de marzo 



INTRODUCCIÓN 

Hebreos 2: 14, 15 

A nuestro gato le encanta vagar fuera de 
casa. Se para delante de la puerta de la coci- 
na en las mañanas, después de comerse su 
comida y la de su hermana, y maulla hasta 
que lo dejamos salir. Si no le prestamos 
atención de inmediato, se dirige a la puerta 
y trata de accionar el picaporte. 



Los seres humanos 

luchan de una forma alocada, 

y a veces tonta, con el fin 

de evitar esa consecuencia 

final del pecado. 



Lamentablemente, hemos tenido que 
pagarle al veterinario buenas sumas para 
que atienda los resultados de sus correrías: 
dedos rotos, ojos hinchados e infectados, 
heridas en el costado. Pero aun peor es tra- 
tar de medicarlo. En contraste con nuestro 
acostumbrado manso gato, se convertía en 
un ente del todo temeroso. Se retorcía, chi- 
llaba y arañaba para escaparse de nosotros. 
Nos consideraba sus enemigos. 



Cuando Adán y Eva decidieron desobe- 
decer el mandato divino, introdujeron una 
nueva dimensión en la relaciones existentes 
entre los seres creados. Introdujeron el con- 
cepto del temor y del miedo, a Dios y a los 
demás. También le abrieron la puerta al 
más profundo temor, algo que mantiene a la 
gente cautiva durante todas sus vidas, el 
miedo a la muerte (Heb. 2: 14, 15). Los 
seres humanos luchan de una forma aloca- 
da, y a veces tonta, con el fin de evitar esa 
consecuencia final del pecado. 

Sin embargo, ¡tenemos un Dios miseri- 
cordioso! A lo largo de todas las Escrituras, 
él nos dice de manera repetitiva, «No te- 
rnas», «no tengas miedo» (Éxo. 14: 13; Jos. 
8:1). 

La lección de esta semana se centra en 
el temor, según se manifestó en la experien- 
cia de los discípulos con Jesús (Mat. 14: 
22-33; Mar. 4: 36-41; 6: 51, 52; Luc. 8: 25; 
24: 37). Los autores de las lecciones de ca- 
da día nos ayudarán a entender cuál fue la 
causa del miedo de los discípulos. Tam- 
bién, a contestar la pregunta: «¿Cómo pode- 
mos vivir como fieles seguidores de Jesús, y 
permitir que su presencia calme las tormen- 
tas que rugen alrededor de nosotros?» 

El temor es parte de la condición de los 
humanos. Pero el miedo a la muerte no tiene 
necesariamente que esclavizarnos: existe una 
solución extrema para el miedo superlativo. 



Bonita Joyner Shields, Brookeville, Maryland, EE. UU. 



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Domingo 
9 de marzo 



Pasando del temor 
a la confianza 



LOGOS 

Mateo 14: 22-33; Marcos 4: 36-41; 
6: 51, 52; Lucas 8: 25; 24: 37; Juan 6: 19 

Existen muchas cosas a las que les te- 
nemos miedo; aunque algunas de ellas son 
completamente inofensivas. Las fobias aco- 
san a los seres humanos. Hacen que nues- 
tras vidas puedan convertirse en algo into- 
lerable; sin un tratamiento adecuado, mu- 
chos son incapaces de vivir vidas normales. 

Lo llevamos dentro 
(Mat. 14:27) 

«Cuando el día comenzó a refrescar, 
oyeron el hombre y la mujer que Dios an- 
daba recorriendo el jardín; entonces corrie- 
ron a esconderse entre los árboles, para 
que Dios no los viera. Pero Dios el Señor 
llamó al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?" 
El hombre contestó: "Escuché que andabas 
por el jardín, y tuve miedo porque estoy 
desnudo. Por eso me escondí"» (Gen 3: 8- 
10). Desde entonces ha sido el propósito 
de Dios curarnos de ese temor y restaurar 
una relación de confianza mutua. Esto se 
corresponde con la medida en que le per- 
mitamos a Dios morar en nosotros. El dis- 
cipulado también tiene que ver con la re- 
construcción de la confianza en un Dios que 
no debe ser temido, sino más bien amado. 
El temor nos ha despojado de la capacidad 
para apreciar plenamente el poder y la ma- 
jestad de Dios. Cuando Dios le habló a Is- 
rael desde el Sinaí (Éxo. 20: 18-20), los he- 
breos temblaron y se alejaron de él, prefi- 
riendo escuchar la voz humana de Moisés. 
Dios anhela establecer con nosotros una 
relación desprovista de miedo, de temor. 



Si lo hizo en el pasado, 
lo podrá hacer nuevamente 
(Mar. 4:36-41) 

La misión de Jesús era revelarnos a un 
Dios que no debíamos temer, sino más 
bien confiar en él. Ahora bien, ¿es posible 
tener fe en alguien o en algo que no ha 
demostrado su confiabilidad? Jesús les dijo 
a sus discípulos: «¿Por qué tienen tanto 
miedo? ¿Todavía no tienen fe?» (Mar. 4: 
40). Otra versión dice: «¿Todavía no tienen 
fe en mí?» Hay un dejo de desengaño en es- 
tas palabras de Jesús. Parecería que Jesús 
esperaba que sus discípulos confiaran en 
él, en vez de temerle. Al principio ellos te- 
mieron perder la vida, ahora temían el po- 
der y la autoridad demostradas por Jesús al 
calmar la tempestad. Cristo les preguntó si 
era que todavía no tenían fe. Es claro que 
con anterioridad se les había dado amplia 
evidencia de que podían confiar en Dios. 
Al pasar más tiempo con Jesús debían ha- 
ber desarrollado una mayor confianza en él. 
El discipulado significa aprender a tener fe 
en un Dios que ha demostrado ser confia- 
ble; por otro lado, él no espera que confie- 
mos en él sin recibir esa seguridad previa. 

Uno o el otro (Mar. 4: 40) 

«¿Por qué tienen tanto miedo?» Este 
regaño dirigido a sus amados es un testi- 
monio de parte de Jesús respecto a que el 
temor y la fe son incompatibles. Son con- 
ceptos divergentes, no pueden coexistir. 
Uno niega al otro. Así como la luz y la os- 
curidad no pueden coexistir, y el amor y el 
odio se contraponen, de esa misma mane- 
ra lo hacen la fe y el miedo. El apóstol Juan 



108 



se refiere a la relación ideal de amor que 
Dios desea tener con nosotros: «sino que el 
amor perfecto echa fuera el temor. El que 
teme espera el castigo, así que no ha sido 
perfeccionado en el amor» (1 Juan 4: 18). 
El amor perfecto implica una confianza 
perfecta. El discipulado significa que de- 
bemos permitir que la fe en Dios crezca me- 
diante nuestra relación con él y esa madurez 
de nuestra confianza disipará todo temor. 

Conociéndolo mejor 
(Mat. 14:28-30) 

El discipulado implica ir conociendo 
mejor al Maestro en persona. Conocer a 
Dios y conocer su amor le proporciona paz 
a sus seguidores. Las palabras de aliento de 
Jesús que se encuentran en Mateo 14: 27: 
«¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo», te- 
nían la intención de consolar a cualquier 
alma angustiada. «Soy yo», implica lo si- 
guiente: «Ustedes me conocen y pueden 
confiar en mí. Por lo tanto no tienen nada 
que temer». 

Pedro lo demostró muy bien en Mateo 
14: 28-30. Después de reconocer a Jesús, 
estuvo dispuesto a confiar lo suficiente, co- 
mo para caminar hacia él sobre las agitadas 
olas. Después que Jesús lo invitó, Pedro va- 
lientemente salió del bote. Aprender a con- 
fiar en Jesús, en su poder y en su amor, es 
la clave para desarrollar un verdadero dis- 
cipulado. Las innegables presiones y desa- 
fíos de la vida no deben causarnos ningún 
tipo de ansiedad. Reconocer su poder y su 
amor nos proporciona paz y destierra el 
miedo. 



La peligrosa travesía del apóstol Pablo 
hacia Roma, registrada en Hechos 27 ilus- 
tra asimismo la paz que Dios desea que sus 
discípulos experimenten en medio de las 
tribulaciones. Una vez más, «No tengas mie- 
do» (Hech. 27: 24) fue el mensaje de par- 
te de Dios, y mientras todos en aquel barco 
temían por sus vidas, Pablo demostró su fe 
en el poder y el amor de Dios. «El apóstol, 



Son conceptos divergentes, 
no pueden coexistir. 



aunque sufría físicamente, tenía palabras 
de esperanza para la hora más negra, y ten- 
día una mano de ayuda en toda emergen- 
cia. Se aferraba por la fe del brazo del Po- 
der Infinito, y su corazón se apoyaba en 
Dios. No tenía temores por sí mismo; sabía 
que Dios le preservaría para testificar en 
Roma a favor de la verdad de Cristo».* 

El verdadero discipulado consiste en 
aprender a confiar en vez de temer. ¿Cono- 
cemos verdaderamente a Aquel que nos in- 
vita a salir del bote por fe, confiando en él? 

PARA COMENTAR 

1 . ¿Qué evidencias hay en tu vida que su- 
gieren conoces a Jesús? 

2. ¿Cuál es la diferencia entre la presun- 
ción y la fe? 

3. ¿Cómo podemos reconciliar el respeto y 
el temor? 



: Los hechos de los apóstoles, p.354. 



Michael G. Hamilton, Hertfordshire, Inglaterra 



109 



Lunes 

10 de marzo 



Descansando en él, 
antes de la tormenta 



TESTIMONIO 

Juan 5: 30 

Antes de que Jesús fuera despertado pa- 
ra enfrentar la tormenta, se encontraba dur- 
miendo en paz. No había ni señas de temor 
en sus palabras o en su actitud, tampoco en 
su corazón. Pero él no confiaba en su poder 
omnipotente. No era el « Señor del cielo, tie- 
rra y mar» quien descansaba tranquilamen- 
te. Él había renunciado a aquel poder: «Yo 
no puedo hacer nada por mi propia cuen- 
ta» (Juan 5: 30). Él confiaba enteramente 
en el poder del Padre. Fue por fe en el amor 
y el cuidado de Dios que Jesús se entregó al 
descanso, y el poder de aquellas palabras 
que calmaron la tormenta era el poder de 
Dios. 

Así como Jesús descansó por fe en el 
cuidado del Padre, así también debemos no- 
sotros reposar en el cuidado del Salvador. 
Si los discípulos hubieran confiado en él, 
ellos podrían haber estado tranquilos. Su te- 
mor en el momento de peligro reveló su 
incredulidad. En sus esfuerzos por salvarse, 
se olvidaron de Jesús; y fue únicamente 
cuando se sintieron perdidos que acudie- 
ron a él. 

«¡Cuan a menudo experimentamos no- 
sotros lo que experimentaron los discípu- 
los! Cuando las tempestades de la tentación 
nos rodean y fulguran los fieros rayos y las 
olas nos cubren, batallamos solos con la 



tempestad, olvidándonos de que hay Uno 
que puede ayudarnos. Confiamos en nuestra 
propia fuerza hasta que perdemos la espe- 
ranza y estamos a punto de perecer. Enton- 
ces nos acordamos de Jesús, y si clamamos 

«Cuan a menudo 

experimentamos nosotros 

lo que experimentaron 

los discípulos!» 



a él para que nos salve, no lo haremos en 
vano. Aunque él con tristeza reprende nues- 
tra incredulidad y confianza propia, nunca 
deja de darnos la ayuda que necesitamos. 
En la tierra, o en el mar, si tenemos al Sal- 
vador en nuestro corazón, no necesitamos 
temer. La fe viva en el Redentor serenará el 
mar de la vida y de la manera que él reco- 
noce como la mejor nos librará del peli- 
gro».* 

PARA COMENTAR 

1. ¿Cómo podemos aprender a confiar en 
Jesús en los tiempos difíciles? 

2. ¿Qué significa la declaración de que Je- 
sús nos librará «de la manera que él 
reconoce como la mejor»? 

3. ¿Por qué se asocia el temor con la incre- 
dulidad? 



*El Deseado de todas las gentes, p. 303. 



1 10 



Tira Poirier, Silver Spring, Maryland, EE. UU. 



¿Acaso hemos llegado? 



Martes 
11 de marzo 



EVIDENCIA 

Hebreos 13: 8 

¿Acaso hemos llegado? 

Las palabras pueden ser irritantes: un 
niño pidiendo algo por enésima vez, o una 
triste exclamación, anhelando que una fati- 
gosa travesía llegue a su final. 

La senda del discipulado es muchas ve- 
ces parecida: confusa, solitaria, desesperan- 
te. ¿Qué significa ser un discípulo? De acuer- 
do con el diccionario, un discípulo es un 
alumno, «un alumno o seguidor de un maes- 
tro o escuela». Dennis Erickson, un cono- 
cido entrenador de fútbol americano fue 
despedido después de dos temporadas, aun- 
que tenía un contrato firmado por cinco 
años. En vez de abandonar el fútbol, regre- 
só a su pueblo natal, en el estado de Ida- 
ho, para trabajar como entrenado del mismo 
equipo donde había iniciado su carrera pro- 
fesional. Un periodista dijo que era su úni- 
ca opción de trabajo en aquel momento. 
Mientras tanto Erickson hablaba de recons- 
truir aquel equipo, al frente del cual pensa- 
ba esperar su jubilación. Sin embargo, la 
próxima temporada Erickson, dejó su em- 
pleo en Idaho para ir a dirigir otro equipo 
en un lejano estado. 

Aproximadamente cien jugadores que- 
daron sobrecogidos cuando su entrenador 
los abandonó de una manera desleal y poco 
confiable. Otro periodista dijo que ahora 



«nadie podrá creer en aquel personaje». Los 
jugadores, los fanáticos y sus familiares, 
colocaron su fe en aquel entrenador que al 
fin los abandonó. La vida está llena de 
ericksons gente que promete y no cumple 
Las distracciones terrenales son muchas. Sin 
embargo, la senda del discipulado cristiano 



Su paz disipa 
todos nuestros temores. 



no se caracteriza por engaños o mentiras. 
Aquel a quien nosotros seguimos es firme y 
no cambia: «El mismo ayer hoy y mañana». 

¡Ayúdame Señor a crecer a diario y a 
parecerme cada día más a Jesús! 

No, no hemos llegado todavía. Encon- 
traremos demoras e inconvenientes. Pero el 
camino es seguro. Su paz disipa todos nues- 
tros temores. Sabemos que el fin de nuestra 
peregrinación está cerca. 

PARA COMENTAR 

1 . Si estamos en la senda correcta del disci- 
pulado, ¿por qué sufrimos demoras y 
contratiempos en nuestras vidas? 

2. Si Cristo no cambia, ¿por qué hay tantos 
tipos de discipulado? ¿Nos llevan todos 
al mismo destino? 



Twyla Geraci, Belgrade, Montana, EE. UU. 



Miércoles 
12 de marzo 



Cómo edificar nuestra fe 



COMO ACTUAR 

Proverbios 3: 1-6 

Cuando era un adolescente me desa- 
gradaban las «caminatas de fe» de los cam- 
pestres. Una docena de nosotros formába- 
mos una fila con los ojos vendados y poní- 
amos una mano en el hombro del compa- 
ñero al frente nuestro. Luego el director nos 
daba instrucciones en voz alta para que atra- 
vesáramos una serie de obstáculos. Para evi- 
tar golpearnos teníamos que aprender cier- 
tas cosas. Las mismas son también relevan- 
tes en el proceso del discipulado: 

1. Observa las instrucciones de inmediato. En 
una «caminata de fe» esto nos podía aho- 
rrar un golpe en la cabeza o arañazos en 
las piernas. En la vida real, cada vez que 
intento confiar en mis habilidades o ha- 
go un esfuerzo por controlarme, termino 
desubicado. Confiar en Dios implica ren- 
dirnos a su dirección, si me someto por 
entero a los mandatos divinos, cosecha- 
ré los beneficios (Prov. 3: 1, 2, 5). 

2. Cuida de tus compañeros de equipo. «¡Cui- 
dado con una rama!». «¡Crucen la zan- 
ja!» Debemos estar siempre atentos a las 
recomendaciones de nuestros compañe- 
ros, asimismo estar dispuesto a compar- 
tirlas con los que vienen detrás de no- 
sotros. Para los participantes en la «ca- 
minata de fe», era una buena estrategia 
cuidarse mutuamente. De la misma for- 
ma, los discípulos, al cuidar el uno del 
otro, establecen una reputación que real- 
za su confiabilidad (Prov. 3:3,4). 

3. Reconoce el esfuerzo de tu capitán. Al qui- 
tarnos las vendas después de cada ejerci- 



cio, me sentía aliviado por ver que el ca- 
pitán se encontraba más cerca de lo que 
yo pensaba. Algunas veces él hasta qui- 
taba obstáculos que estaban en nuestra 
senda. «Gracias capitán, no podríamos 
haberlo hecho sin tu ayuda», era la ex- 
presión de todos. Darle ese reconoci- 
miento a Dios por un discipulado victo- 
rioso nos mantendrá enfocados y en una 
actitud humilde. Dios se agrada de nues- 
tra adoración, y cuando reconocemos su 
ayuda en nuestra «caminata de fe», mi- 
raremos menos a los obstáculos y apre- 
ciaremos más su plan (Prov. 3:6). 
4. Practica, practica, practica. Quizá fue re- 
dundante que se celebrara una «camina- 
ta de fe» en cada campestre juvenil que 
asistí, pero esa repetición me ayudó a rea- 
firmar las destrezas que necesitaba. Lo 
mismo se puede decir del discipulado; 
nuestra práctica continua es una muestra 
del afinamiento de nuestra fe realizado 
por Dios, algo que él coloca en el cora- 
zón de sus discípulos (Prov. 3: 1,3). 

PARA COMENTAR 

1. Intenta llevar a cabo una «caminata de 
fe» en unión a algunos amigos. ¿Qué po- 
drán aprender de la misma? ¿Respecto a 
ti? ¿Cómo se relaciona este ejercicio con 
el discipulado? 

2. ¿Cuáles son algunas actividades o tareas 
que realizas «de todo corazón»? ¿Cómo 
se relacionan ellas a la confianza en Dios 
«de todo corazón»? ¿Qué harás esta 
semana a fin de confiar más plenamente 
en Dios? 



1 12 



A. Alian Martin, Míes, Michigan, EE. UU. 



Temer a Dios es odiar al mal 



Jueves 
13 de marzo 



OPINIÓN 

Proverbios 8: 13; Filipenses. 2: 12, 13 

Cuando era niño creía que el «temor 
del Señor» consistía en tenerle miedo a 
Dios. Pensaba en lo que le había sucedido 
a Ananías y Safira cuando le mintieron a 
Pedro y murieron en el acto (Hech. 5: 1-9). 

Ya de joven, se me dijo que el «temor 
del Señor» significaba respetar y reveren- 
ciar a Dios. No fue sino hasta la edad adul- 



«Temer a Dios», 

u «odiar al pecado» 

es un proceso y un producto 

del discipulado. 



ta que encontré un texto que define «el te- 
mor del Señor». Proverbios 8: 13 dice: 
«Quien teme al Señor aborrece lo malo». 

Ahora me he topado con un desafío res- 
pecto a «temer a Dios». Si fuera honesto, 
diría que no siempre he odiado el mal. Al- 
gunas veces el pecado me ha parecido ape- 
tecible. Para ser discípulo de Cristo, debo 
aprender a «odiar el mal» y a «temer al Se- 
ñor». ¿Cómo es esto posible? 

«Temer a Dios» u «odiar al pecado» es 
un proceso y un producto del discipulado. 
Abraham es un ejemplo de esto. Queriendo 
proteger su vida, Abraham le mintió al Fa- 
raón respecto a su esposa. Años más tarde, 



Dios probó la fe de Abraham con el sacrifi- 
cio de Isaac. El temor a perder su vida, trans- 
formó el «temor de Dios» de Abraham. Gé- 
nesis 22: 12 dice: «Ahora sé que temes a 
Dios, porque ni siquiera te has negado a dar- 
me a tu único hijo». Abraham, un discípu- 
lo de Cristo, había aprendido a «temer a 
Dios» y a ser obediente. 

De acuerdo con Kenneth Boa, un autor 
contemporáneo, existen dos extremos en el 
discipulado. Uno de ellos, «odiar el mal», 
enfatiza nuestro papel y minimiza el de Dios. 
El otro exagera el papel de Dios y minimiza 
el nuestro. Filipenses 2: 12, 13 parece unir 
estos dos extremos con «el temor de Dios». 
«Lleven a cabo su salvación con temor y 
temblor, pues Dios es quien produce en uste- 
des tanto el querer como el hacer para que 
se cumpla su buena voluntad». 

El «temor del Señor» es un proceso 
(Dios obra en nosotros y nuestra obra es 
seguirlo) y un producto de nuestra elección 
de seguir a Cristo a diario. 

PARA COMENTAR 

1 . ¿Qué cosas que necesitas abandonar pue- 
den estar ocultándole a Dios? 

2. ¿Cuál es el isaac que necesitas sacrificar? 

3. ¿En que sentido estás cultivando «el te- 
mor del Señor»? 



K. Boa, Conjormed to His Image: Bíblica! and Practical 
Approaches to Spiñtual Formation (Grand Rapids: Zon- 
dervan, 2001). 



Carolyn Macomber, Buchanan, Michigan, EE. UU. 



113 



Viernes 

14 de marzo 



Temerosos del amor 



EXPLORACIÓN 

Job 33: 4; Mateo 17: 20; Romanos 12: 2 

PARA CONCLUIR 

El temor es una experiencia muy real. 
Los niños y los adultos sufren por igual una 
serie de temores que surgen de elementos 
reales o imaginarios. De cualquier forma, el 
temor se convierte en un obstáculo para 
mucha gente. Muchos le temen al cambio 
porque crea un cierto grado de inseguri- 
dad. La experiencia de la salvación y el ca- 
mino cristiano conllevan este tipo de temor 
porque tienen el poder para cambiarnos. 
Caminar por fe y en lealtad a Dios requiere 
muchos tropezones y «temblores» porque 
el amor es tanto un medio como un fin. 



Comparar y contrastar el gusto de la 
gente por los filmes de horror y el gusto 
por las montañas rusas, con el temor de 
Dios de los cristianos. 
Tratar en encontrar el tamaño de una se- 
milla de mostaza en alguna enciclopedia 
o catálogo de ventas de semillas. Com- 
para el tamaño de la semilla con el de una 
montaña o colina cerca de tu casa. Me- 
ditar en el texto de Mateo 17: 20. 
Compartir con algún amigo o amiga tus 
mayores temores. Hablen de sus mayo- 
res temores y discutan las formas en que 
pueden sobreponerse a los mismo. 
Preparar un índice conceptual de los tex- 
tos encontrados en Mateo 14: 22-33; 
Marcos 4: 36-41; 6: 51, 52; Lucas 8: 25; 
24: 37. 



CONSIDERA 

• Investigar respecto a la vida de algunos 
autores de los evangelios: Mateo, Marcos, 
Lucas o Juan. ¿Qué dificultades persona- 
les afrontaron a fin de seguir a Jesús? 
¿Qué diferentes perspectivas aportan al 
concepto del discipulado? 

• Recopilar una lista de fobias y sus defi- 
niciones. ¿Cómo puede la gente enfren- 
tar sus fobias? 



PARA CONECTAR 

/ El Deseado de todas las gentes. 

/ James Coffin, Bejore Yon Say Yes to Disci 

pleship. En: <http://adventistreview.org/ 

article.php?id=29 1> 
/ William G. Johnsson, A Cali jor Radical 

Discipleship , en: <http: //www.adventis- 

treview.org/issue.php?issue=2006- 

1502&page=5>. 



Fabián Carballo, Colton, EE. UU.